La Plaza de Abastos de Écija, ya en la Edad Media, configuraba el centro social, político y económico de la zona. El comercio se conformaba alrededor de distintos puestos portátiles que vendía pan, frutas, leche, hortalizas y jabón. El vinagre, vino y trigo de importación se vendía en el edificio de la alhóndiga situado en la Plaza Mayor, otros en la calle de la Caza, donde se hallaban las pescaderías y las carnicerías Reales, construidas a finales del citado siglo para centralizar el abasto en la ciudad, y aparte, algunas calles eran la sede de otras manufacturas como Cintería, Odrería, Platería, Especiería y Albardería.

Durante tres siglos el uso de la plaza estaba dividido entre el comercio de bienes, el ocio y el espacio para el pueblo. Fue en el año 1843 cuando un grupo de astigitanos liderado por el Marqués del Arenal, crearon la Sociedad de Fomento, con el único objetivo de llevar a cabo la construcción de una plaza de mercado. El espacio elegido para construir la plaza de abastos era el recinto ocupado por el antiguo convento, colegio e iglesia de San Fulgencio, que perteneció a la Compañía de Jesús y que se quedó en manos del Ayuntamiento debido al mal estado en el que se encontraba. De esta manera, el mercado se construyó en el año 1844 dando pié a la abolición del sistema de mercado ambulante más propio de la época medieval.

Actualmente el mercado está gestionado por el Ayuntamiento de Écija, y los comerciantes están agrupados en la Asociación de comerciantes del Mercado de Écija.